Al sur de Aragón
Ayer me dí un paseo por el centro de Madrid, acompañado de un buen amigo con el que tenía muchas cosas que hablar y que poner en marcha.
La verdad es que la cuidad no me resultó tan áspera como en otros tiempos y disfruté de nuevo de la calle Princesa, Príncipe, la Pza. Santa Ana, el paseo del Prado. El codillo con guarnición del Edelweiss, nada que ver con la secta según me comentaron, supongo que ayudó.
Un par de Vozkas muy bien servidos también contribuyeron a amenizar el paseo y darme otra óptica del Madrid de agosto por la tarde. Y es que ayer no éramos dos Rodrigos caminando bajo un sol de justicia, pero por un rato quizá nos sentimos como tales. Aun así espero no acabar atado al caballo después de muerto para espantar a algún moro.
En fin las cosas salieron bien y fue una tarde agradable y provechosa que quizá se materialice en proyectos interesantes en el futuro, o quizá no, pero siempre recordaré que lo intentamos.
El caso es que como broche de oro este amigo me regaló un libro de Gerald Brenan, un inglés enamorado de España que la conoció durante la República, la guerra civil y el franquismo, y relata sus impresiones y sensaciones obtenidas en sus viajes con una prosa clara y directa además de, en mi opinión, una certera visión del conjunto, al menos desde su perspectiva de inglés cabronías de vida disoluta.
Nunca me había parado a leer nada de este hombre, aunque he de reconocer que lo tenía fichado, sobre todo desde que vi Al Sur de Granada, una película de Fernando Colomo sin mayor interés que el de ver en su estado natural a la deliciosa Verónica Sánchez y que está basada en sus aventuras.
