Don’t worry baby
Corrían los ochenta, años de los nunca en conciencia podré hablar demasiado mal, cuando los Beach Boys ya eran un grupo pijo y caduco de esos que molan. Yo mismo me ponía trajes de tonos pastel, con hombreras, camiseta chillona y zapatillas de cáñamo a juego, incluso de cuadros si se terciaba. Casi me sonrojo al recordar unos vaqueros todos rajados a posta, con tachuelas, un bolsillo de atrás rosa y descoloridos en parte con lejía.
Era tan crío y tan soberbio que empaquetaba en su casa a una novia preciosa que tenía y me iba con colegas de papel maché a Doctor Cerrada, a ver si sonaba la flauta y alguna otra me hacía un poco de caso pasajero. A veces entraba en el Neozeno y ya se lo sabían, ponían “Good Vibrations” o “Don’t worry baby” mientras yo, encendiendo un Camel sin filtro, me creía Mickey Rourke en “Angel Heart”. Quién me diría entonces que lo que me hincharía de oír poco después es “God Only Knows“, pero así es la vida.
Pues nada, que eso quería decir antes de ponerme a divagar: Don’t worry baby.
O mucho mejor aún: Don’t worry… Darlin’.