El bul de Pedrojota.
La mayor parte de los días me despierto y desayuno en dos partes, la primera en casa, según me suena el despertador miro ligeramente el correo mientras bebo un zumo de naranja, y contesto a algún listo que se cree que puede discutir conmigo. Me sirve para desconcertarlos y tenerlos arrinconados, ya que ven que les meto caña igual a las dos de la mañana que a las seis y media. Vale que todos dormimos, pero el que duerme poco y a destiempo tiene las de ganar. Supongo que por eso la CIA nunca ha conseguido trincar a Fidel, no sé.
Bien, decía yo lo de los dos tiempos. Después de ducharme dormido, afeitarme dormido y vestirme dormido, meto el portátil o el MacMini, dormido, en el zurrón y me echo a la calle dormido. A veces el puto autobús urbano de los cojones tiene la deferencia de venir a tiempo y de llevarme al curro. Otras veces decido que llegaré antes andando que en el puto autobús urbano de los cojones cuyo conductor además suele ser un tipo malhumorado y sin educación al que habría que poner una pistola en la sien para enseñarle a dar los buenos días. Y así llego al curro, dormido.
Lo primero es fichar, inicio de la segunda fase, no sea que piensen que aún sigo en casa dormido que no durmiendo. Cortado más malo que paqué pero con cafeína, breve conversación con algún programador sobre bases de datos hechas polvo o antediluvianos lenguajes 4GL, la conversación la puedo sacar adelante dormido. Me bajo al agujero, la cafeína empieza a galopar por mis venas pero sigo dormido.
Hago un examen más detenido del correo, veo las alertas de los servidores, los crones que han dado alguna alarma y demás. Después, mientras empiezo a despertarme, echo un vistazo a las alertas de Google, a los boletines que me llegan, entre ellos PeriodistaDigital.com, que siempre es divertido.
Imaginad el impacto. Justo en el momento en el que la sangre comienza a regar mis neuronas me encuentro con esta noticia sobre la que pincho irremediablemente y voy a parar a, válganme los demonios, al bul de Pedro J. Calvorota.
Y no es que a mí me importe que este señor enseñe el ojal o que los de Periodista Digital se lo peten. Lo que me jode es que me hagan desayunar con eso, a la par que me acojona que la vida de cada uno, en tamaño grado de intimidad, pueda ser expuesta a la feroz muchedumbre y utilizada como arma arrojadiza.
Creo que se puede hablar mal del facha este todo el rato, sin parar, y para ello no hay que enseñarle a nadie como le borra el cero una gorda gordísima de color (de color negro negrísimo).
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