¡Mucha policía! ¡Poca diversión!

Eso le gritábamos a los maderos feos cuando el barrio era el barrio y nosotros éramos nosotros. Un día un anormal de policía local casi nos mete de porrazos, nosotros eramos sólo unos críos y ellos iban cinco o seis, entre ellos una madera fea, la instigadora de todo, claro.
Hoy en día no me da por gritarle nada a los maderos, incluso hay algún viejo conocido al que algún inconsciente le ha dado una placa y una pistola, pero… no es menos cierto que si hoy un pitufo se dirigiese a mí en los mismos términos… lo hincho a patadas en los huevos sin pensármelo dos veces.
La edad, dicen, que lo amansa a uno.
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